El pasado 15 de abril se celebró en el béisbol de Norteamérica el día de Jackie Robinson, ese día todos los jugadores usaron el número 42 como homenaje al primer jugador negro que pudo jugar en ligas mayores de blancos (antes había también una “Negro League”).
Lo que hoy se mira como algo normal, por allá por 1947 fue un paso enorme en el camino de la integración en Estados Unidos. No fue fácil para el segunda base de los Dodgers de Brooklyn. Varios de sus compañeros lo ignoraban, equipos como los St. Louis Cardinals intentaron boicotear los partidos en los que jugaban los Dodgers y muchas veces le tocó comer en sitios distintos, viajar en otros lugares diferentes a los de su equipo y dormir en casas de gente que lo hospedaba pues muchos hoteles no lo recibían.
No estaba en el contrato pero el jugador se obligó a no responder insultos, no reaccionar cuando le daban un pelotazo claramente intencional, no alegar con los árbitros y soportar la discriminación silenciosamente. Y era necesario, de otra manera se habrían confirmado las creencias de algunos tarados.
No fue una anécdota. Era un jugadorazo que ese año ganó el premio del novato del año, ganó siete banderines de la liga nacional con los Dodgers y fue campeón de la serie mundial. Fue de los mejores de su época.
También en abril de 2026 una mujer fue nombrada como directora técnica de un equipo de primera división de Alemania. Marie-Louise Eta. El 11 de abril fue nombrada para dirigir a su equipo, el Union Berlín, por lo que queda de campeonato. Tarea complicada, de los últimos 15 puntos disputados, su equipo apenas ganó 4 y aunque no está en una posición incómoda ni muy cerca del descenso todavía podría tener problemas.
Se acabará, al menos en el vestuario de el Union Berlin la desagradable frase “pongan huevos”, supongo que para una mujer eso no es una condición necesaria para jugar bien al fútbol. Personalmente no entiendo una frase tan estúpida. El fútbol es de fuerza, velocidad y talento, no de cuanta testosterona tengan los jugadores ya sabemos dónde.
Marie-Louise Eta no es la primera entrenadora, algunas han durado mucho tiempo en equipos menores como Corinne Diacre que por más de tres temporadas dirigió el club de segunda división francesa el Clermont Foot o Chan Yuen Ting que quedó campeona dirigiendo al club Eastern de Hong Kong.
Siempre he oído de la diplomacia del ping-pong cuando dos jugadores resuelven acortar las distancias que los políticos han impuesto. Glenn Cowan, gringo y Zhuang Zedon, chino resuelven saludarse amigablemente. En ese momento se tendieron puentes para que un equipo de Estados Unidos fuera invitado a China. Fue esa la primera delegación pública, reconocida y autorizada por ambos gobiernos.
Otro gesto que ayudó fue la entrega del trofeo de campeón mundial de Rugby de Nelson Mandela, con la camiseta verde de los Springboks al sudafricano blanco François Pienaar. Quedó claro que ese equipo era de todos sin importar el color.
El deporte es un lugar de transformación para la sociedad, sus participantes son observados e imitados por muchas personas y acciones así sean nimias tienen un impacto enorme. No todos los deportistas son ejemplo, no tienen por qué serlo, pero un pequeño gesto de alguno con talento puede transformar algo mucho más grande.
En estos momentos de tensión generalizada esperamos que el mundial de fútbol. Jugadores, técnicos y equipos manden una señal como las que mandaron estos fabulosos atletas y que logren algo más que lo que los torpes políticos destruyen.
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