En el entorno económico actual, marcado por la velocidad y la complejidad, hace que los grandes negocios jurídicos difícilmente quepan en un solo documento jurídico. El financiamiento de proyectos de infraestructura, las alianzas estratégicas entre empresas o el desarrollo de plataformas tecnológicas son operaciones que exigen, casi por naturaleza, la articulación de múltiples contratos: cada uno con su propia función, su propio régimen y sus propias partes, pero todos apuntando hacia un mismo norte económico. La complejidad negocial dejó de ser la excepción para convertirse en la regla.
¿Qué es la coligación contractual y cuál es su relevancia?
Es el fenómeno en el que varios contratos, formalmente autónomos e independientes entre sí, se encuentran funcionalmente unidos por un propósito económico común que ninguno podría alcanzar por sí solo. Cada negocio jurídico conserva su identidad y se rige por sus propias normas, pero su existencia cobra pleno sentido solo en conjunto. En Colombia, aunque carece de regulación expresa, la Corte Suprema de Justicia la ha reconocido y caracterizado: su elemento esencial es la "pluralidad negocial proyectada en una finalidad común, convergente u homogénea", y los contratos coligados "están llamados a actuar como un todo, y no aisladamente". En la coligación, el todo es más que la suma de sus partes.
¿Cómo plasmar esta conexión en los contratos?
A través de las cláusulas de conexión, que son el instrumento mediante el cual las partes dejan constancia expresa del vínculo que une sus contratos. Para cumplir su función, deben abordar dos aspectos esenciales: de un lado, la causa o finalidad común, es decir, el reconocimiento explícito de que los contratos responden a un mismo objetivo económico; de otro, los efectos recíprocos, esto es, la regulación precisa de cómo el incumplimiento, la nulidad o la terminación de uno repercute sobre los demás.
¿Cuáles son las consecuencias de no incluir estas cláusulas?
Su omisión no es un detalle menor. Cuando las partes no regulan expresamente la conexión, el conflicto trasladará al juez una tarea delicada: reconstruir la voluntad negocial y deducir si existía interdependencia y cuál era su alcance. Ese ejercicio puede ser largo, costoso e impredecible, dejando el destino del negocio en manos de la discrecionalidad judicial. En materia contractual, lo que no se escribe, no existe —o peor aún, existe en los términos que otro decida.
¿Por qué es relevante la figura de la coligación contractual?
Quien no identifica la coligación no puede estructurarla bien, y quien no la estructura bien expone a su cliente a riesgos que pudieron preverse. Reconocer que un conjunto de contratos forma una unidad funcional permite diseñar cláusulas de conexión adecuadas, anticipar los efectos en cadena de un incumplimiento y blindar la operación frente a interpretaciones judiciales, que pueden distar del ánimo de las partes. En un mercado donde las operaciones son cada vez más complejas, dominar esta figura no es un lujo académico, sino una exigencia del ejercicio profesional responsable.
¿Quiere publicar su edicto en línea?
Contáctenos vía WhatsApp