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Jueves, 15 de noviembre de 2018

Quizás ustedes han sentido en algún momento de su vida profesional ese miedo escénico a crear. Por eso, es que el emprendimiento debe apuntar a un modelo diferente de hacer derecho, a partir de una mirada joven y entusiasta para asesorar las consultas y los procesos de la mejor manera posible, recordando la esencia misma del mercado moderno basada en la atención al cliente sin olvidar el punto nodal del derecho, brindar tranquilidad.

Ahora enfóquennos en la tranquilidad ésta debe entenderse desde la perspectiva subjetiva del cliente, no podemos pasar por alto que este concepto debe ser un resultado del ejercicio del derecho en la situación del usuario, en la cual, este deba sentirse respaldado, en que, su abogado, hará todo lo posible para que sus intereses sean representados idóneamente. Y en este punto es donde tajantemente entra la innovación, ya que tiene que estar presente desde el primer contacto con el usuario, que el abogado gire alrededor del cliente y no el cliente entorno al abogado. Y la pregunta necesaria es ¿Cuál innovación? La respuesta es sensata y concreta, el servicio actualmente es prestado y no dado y esto tan sencillo despersonaliza la prestación del servicio a cadenas jerárquicas en la que el cliente se entrevista con un abogado y el real ejecutor de los intereses del usuario es un profesional que no ha tenido el acompañamiento necesario. E ahí emprendedores, el primer supuesto a explorar y explotar, así deba reducirse el margen de ganancias al minimizar la cantidad de casos, la construcción de un good will caracterizado por la atención, calidad y seguimiento personal de las causas confiadas es su mayor activo.

Ahora hablemos de creatividad, más que una destreza, es una cuestión de actitud. Los bloqueos sociales y mentales, no son más que óbices para nuestro emprendimiento. Se debe brindar una idea diferente de hacer derecho y volverla parte, real y efectiva del mercado jurídico, como un producto por el cual se paga un precio, aunado a un excelente servicio que basa su calidad en su componente distintivo: procurar tener todas las necesidades del cliente cubiertas. Si bien es cierto, no gozamos de un personal amplio, propio de firmas grandes, se debe aprovechar el factor humano, las relaciones con otros abogados, así por ejemplo, si su firma solo maneja temas laborales, busque profesionales del derecho independientes de alto nivel, en distintas áreas, para establecer alianzas estratégicas.

Partiendo de un supuesto claro, el emprendimiento es un negocio rentable a mediano y largo plazo, lo que conlleva a que esta sea la decisión de su vida.

Usted debe tener claro que tiene el tiempo, la dedicación, la resiliencia y finalmente un estándar alto de calidad, este último elemento desarrollará, con el paso de cada caso su buen nombre.

Crédulo es aquél que entendió alguna vez que podía surgir de la nada, esa nada que para muchos se asemeja en el campo jurídico a la juventud. Algunos dirán que no son simples palabras, sino la reafirmación de la experiencia. Quizás sí, pero el derecho, como otras áreas del conocimiento, merece retos, que hay que afrontar con dedicación, ganas y conocimiento. Dedicación de un deber asumido con profesionalidad. Ganas de una juventud con ansias de triunfar. Y un conocimiento maduro adquirido por años de academia, pasión y empeño donde la motivación jugará un papel fundamental cada día que se levante a trabajar.