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OPINIÓN

Fiscalización 4.0: ¿Por qué la DIAN ya sabe más de su empresa de lo que usted cree?

08 de abril de 2026

Margarita Salas

Socia Líder de EY Law Colombia
Canal de noticias de Asuntos Legales

En la dinámica de fiscalizar los impuestos, pasar de un modelo reactivo, declarativo y basado en auditorías posteriores a un sistema integrado en tiempo real dentro de los procesos naturales de los negocios es la tendencia, tal como lo plantea la OCDE en el documento “Tax Administration 3.0: The Digital Transformation of Tax Administration”.

En esta nueva dinámica de “compliance by design” (cumplimiento bajo diseño), los impuestos se calculan, reportan y pagan automáticamente como parte de los sistemas contables, de facturación y de pagos. Los datos (factura electrónica, nómina electrónica, información financiera aduanera y cambiaria de operaciones) se transmiten a la administración tributaria y se procesan en tiempo real. La Administración tributaria diseña y trabaja bajo lineamientos de analítica avanzada e IA, con modelos de riesgo que permiten priorizar fiscalizaciones con mayor probabilidad de ajuste. Todo ello, sobre una base de confianza en el uso de datos y en la gobernanza algorítmica, incluyendo principios de IA confiable y explicable. Así, hoy por hoy la tributación deja de girar alrededor del formulario y pasa a estructurarse alrededor del dato.

El reciente estudio contenido en el EY Tax Policy and Controversy Outlook 2026, construido con información de más de 70 jurisdicciones, confirma que las administraciones tributarias están usando tecnología como principal herramienta de recaudo, siendo las tendencias globales basar sus auditorías en el sistema de facturación electrónica obligatorio, reportes en tiempo real y cruces automáticos de información. Hay una creciente adopción de IA y data analytics para detectar inconsistencias y desarrollar auditorías más granulares y documentales en las que no se discute solo el resultado sino la trazabilidad de los datos. La administración tributaria cada vez usa más cruces automatizados entre información local e internacional y tiene menor tolerancia a errores formales, es más sofisticada, menos dialogante y más orientada a resultados de recaudo.

En esta carrera de adopción de tecnología, Colombia no se queda atrás. Reconociendo explícitamente los rezagos tecnológicos históricos de la DIAN y su impacto directo en la evasión y el contrabando, Colombia emprendió uno de los procesos de modernización tributaria más ambiciosos de la región mediante el Programa de Apoyo a la Modernización de la DIAN, financiado por un préstamo del BID por USD 250 millones, aprobado en 2020 y en ejecución hasta 2028. Los ejes del programa incluyen integración de extremo a extremo de procesos de aduanas a través del Nuevo Sistema de Gestión de Aduanas (NSGA) y de impuestos internos y régimen cambiario a través del Nuevo Sistema de Gestión Tributaria y Cambiaria (NSGT) ambos estrechamente articulados como componentes de un ecosistema digital integrado.

El NSGT incorpora capacidades avanzadas de modelación integral de gestión de riesgo y gobierno de datos, prellenado de declaraciones, cálculo automatizado de obligaciones y sanciones, integración con pasarelas de pago y explotación intensiva de datos. El sistema permite la gestión digital punta a punta de los procesos tributarios. Tecnológicamente, se soporta en arquitecturas modernas de microservicios, prácticas DevSecOps, automatización de despliegues y operación en entornos de nube híbrida, asegurando sostenibilidad y adaptabilidad normativa. Esto implica que se abandonará el modelo tradicional de fiscalización sustituyéndolo por un sistema de control continuo, automatizado y transversal, basado en una visión multidimensional del contribuyente.

Por su parte el NSGA que integra los principales procesos aduaneros permitirá gestionar de forma articulada actividades críticas integrándose con el Data‑R, la Factura Electrónica, la VUCE, el RUT y el portal Mi DIAN, permitiendo una interacción eficiente.

Esto no es solo modernización tecnológica. Es una reconfiguración del poder fiscal del Estado. Desde una perspectiva de defensa, significa que la DIAN ya no “reconstruye” los hechos: los tiene almacenados, estructurados y versionados desde el origen. En el NSGT, la fiscalización deja de ser un procedimiento discrecional y posterior, para convertirse en un estado permanente del contribuyente dentro del sistema. Desde la lógica del sistema, toda declaración es una hipótesis que se contrasta automáticamente contra múltiples fuentes de datos. Si la hipótesis “no cierra”, el sistema no espera: genera señales, bloqueos, alertas o derivaciones a control intensivo.

En un contexto de fiscalización futura o discusión probatoria, esa divergencia será explicable, pero seguramente implicará, en el mejor de los casos, corregir alguna información, reporte o formato con su correspondiente sanción. Así, la DIAN se preparará para administrar la controversia con eficiencia, estandarización y volumen. Desde el punto de vista del litigio tributario, esto implica que la prueba se vuelve estructural, y no “episódica”, y esto amerita y determina un cambio por parte de los contribuyentes.

Evidentemente, el viraje de las administraciones tributarias representa para los contribuyentes una forma diferente de asumir el riesgo tributario derivado de esta alta capacidad tecnológica no solo de detección y control del fraude -que se aplaude-, sino el error, en vigencia de un régimen sancionatorio oneroso, y términos de firmeza extendidos, lo que expone cada decisión con efecto tributario durante un largo período a reinterpretaciones futuras hechas con información agregada que el contribuyente no tenía al momento de declarar. Esperar a la fiscalización ya no es una estrategia viable.

Las mejores prácticas hoy incluyen una gobernanza tributaria robusta, con trazabilidad de decisiones, preparación y conservación documental técnica anticipada no reactiva, coherencia entre declaraciones, información exógena, estados financieros, análisis e información de precios de transferencia, revisión periódica de riesgos con enfoque similar al de la DIAN, conciliación información suministrada por terceros y en general el uso inteligente de tecnología y analítica interna para anticipar el riesgo y prevenir el litigio.

El riesgo ya no está en la planificación agresiva sino en la mala calidad de datos. Es necesaria la alineación de la función fiscal al negocio de manera que se garantice la disposición de información organizada, coherente, suficiente, oportuna y consistente, todo lo cual demanda la adopción de tecnología. Recuerde que el plan de modernización termina en 2028 y para ese año, apenas las declaraciones de renta del año 2022 empiezan a adquirir firmeza para los responsables de precios de transferencia y las del año 2024 para los demás contribuyentes. ¿Está preparado?

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