El pasado 15 de abril de 2026, se cumplió el plazo de seis (6) meses otorgados por la Resolución 1888 de 2025 para la implementación de la interoperabilidad de la Historia Clínica Electrónica (IHCE) en Colombia mediante la adopción del Resumen Digital de Atención en Salud (RDA). Este hito trasciende el mero cumplimiento de un nuevo requisito normativo y marca un momento decisivo para el sistema de salud colombiano, incluso en medio de las dificultades que este ha venido enfrentando, pues la información clínica del paciente dejaría de permanecer fragmentada, archivada o restringida a una sola institución, para estar disponible cuando realmente se requiere. El objetivo es sencillo pero ambicioso: que los datos relevantes viajen con el paciente y no se pierdan entre trámites, papeles o barreras administrativas.
La norma es amplia en su alcance. Aplica no solo a los prestadores de servicios de salud, públicos y privados, sino también a las EPS, entidades adaptadas, administradores de planes voluntarios, ARL, fondos de pensiones en sus actividades de salud entre otros, pero de manera fundamental, a la persona titular de la historia clínica. Esto refleja un mensaje contundente: la gestión de la información en salud es una responsabilidad compartida de todo el sistema, y no un asunto exclusivo de hospitales o clínicas.
Por la misma razón, cuando la resolución establece que todos los prestadores deben interoperar, lo que plantea es que ningún actor puede seguir funcionando de manera aislada pues ahora hay un modelo obligatorio de intercambio entre actores del sistema. La información clínica esencial deberá ser compartida de forma segura para que otros profesionales autorizados puedan tomar decisiones informadas, especialmente en situaciones de urgencia o continuidad del tratamiento de los pacientes.
Aunque estas disposiciones representan un avance significativo, su implementación trasciende lo meramente tecnológico. No solo requiere modernizar los sistemas de información en salud, sino también un profundo cambio cultural: hay que superar prácticas arraigadas de fragmentación y reserva excesiva de los datos clínicos. De nada valdrán las herramientas digitales más avanzadas si los actores del sistema no asumen que compartir información, dentro del marco legal, es fundamental para garantizar una atención segura y continua a los pacientes.
Es por ello, que la interoperabilidad de la historia clínica no debe entenderse solo como un ejercicio de eficiencia administrativa o de cumplimiento normativo. Se trata de un cambio cultural profundo: pasar de un modelo centrado en la institución a uno centrado en el paciente, de una lógica de archivo cerrado a una de información disponible para cuidar mejor la salud. Puede decirse que, si se implementa correctamente, esta política puede traducirse en menos barreras, menos repeticiones innecesarias, decisiones clínicas más oportunas y, en última instancia, en un impacto real en el acceso efectivo a la salud, que es el objetivo último del sistema.
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