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Néstor Bejarano Pérez Miércoles, 13 de junio de 2018

Entidades como el Banco Mundial y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual expiden anualmente estadísticas que muestran los avances y retrocesos de los países en materia de innovación, destacando -entre otros factores- el número de patentes concedidas a los residentes de cada país como indicio de innovación. Sin embargo, de acuerdo con la definición ofrecida por el Manual de Oslo, la innovación corresponde al uso del conocimiento ya existente (o eventualmente a la generación de conocimiento en caso de ser necesario) para crear productos, servicios, procesos, métodos de comercialización o métodos de organización que son nuevos para una empresa, consiguiendo con ello tener éxito en el mercado y generar consecuencias económicas directas. De acuerdo con lo anterior, la innovación puede lograrse a través de desarrollos tecnológicos propios (es decir, aquellas patentes concedidas a residentes de cada país), pero también puede lograrse con los desarrollos tecnológicos de terceros, es decir, a partir del conocimiento ya existente.

Pero, en ese caso, ¿Cuál es ese conocimiento ya existente, y cómo tener acceso a él?
Pues sumado a las revistas y congresos científicos que existen para todos los campos de la tecnología, el sistema de patentes resulta ser una fuente invaluable de información tecnológica debido a que cualquier persona -natural o jurídica- que solicite una patente en cualquier país del mundo, está obligado a revelar su invento para que terceros puedan ponerlo en práctica sin requerir de esfuerzos considerables una vez se venza el plazo de la patente. Debido a lo anterior, portales de Internet como PatentScope y Espacenet ofrecen motores de búsqueda potentes y gratuitos para tener acceso completo a cualquier solicitud de patente publicada en el mundo.

¿Y cuánto vale utilizar ese conocimiento ya existente?
Tenga en cuenta que sólo es necesario pagar regalías sobre aquellas patentes concedidas y vigentes en un determinado país, algo que resulta estratégico en países como Colombia debido a que la inmensa mayoría de empresas, en todos los campos de la tecnología, dejan de solicitar sus patentes en nuestro país. Lo anterior significa que cualquiera de nosotros puede utilizar gratuitamente en el territorio colombiano todos aquellos desarrollos tecnológicos que fueron divulgados en solicitudes de patente presentadas en otros países pero que nunca fueron solicitadas en Colombia.

La invitación es a que antes de utilizar el sistema de patentes como mecanismo para proteger los desarrollos tecnológicos propios, se emplee como fuente de información para intentar resolver los problemas u objetivos tecnológicos de una empresa a partir de un invento ya conocido y probablemente gratuito. Ahora bien, si la búsqueda de información tecnológica realizada determina que nadie en el mundo ha resuelto el problema de interés (o lo ha hecho de manera infructuosa), usted estará ante una excelente ocasión para desarrollar una tecnología nueva, protegible a través del sistema de patentes y con mayores probabilidades de éxito en el mercado.