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Oscar Correa martes, 20 de mayo de 2014

Así entonces, en nuestra economía actual, en la que resulta fundamental para subsistir en el mercado que los productos propios sean claramente diferenciados por el consumidor frente a los productos de la competencia y que se responda oportunamente a las necesidades de los consumidores, la Propiedad Industrial deja de ser una herramienta jurídica a tener en cuenta en la estructuración de un modelo de negocio para convertirse en una condición de su viabilidad.

Herramienta para generar valor económico 
Hemos oído hablar varias veces de negocios que fueron inicialmente muy exitosos pero que vieron reducida su rentabilidad gracias a la aparición de competidores que reaccionaron rápidamente para compartir la demanda existente o creada. Pues bien, si dichos negocios hubieran sido modelados con base en el uso adecuado de la Propiedad Industrial, sus creadores se habrían consolidado como únicos oferentes en el mercado, logrando así otorgarle un mayor valor económico a sus productos.

Garantía de explotación exclusiva 
Se debe resaltar que un negocio, producto o servicio debidamente protegido, por uno o varios derechos de Propiedad Industrial, le otorga a su titular la ventaja competitiva de excluir a terceros del desarrollo de dicho negocio o de la fabricación y/o comercialización de dichos productos o servicios. Por lo tanto, si hablamos de un negocio que desde su nacimiento puede incorporar dentro de sus activos un secreto empresarial o un derecho de explotación exclusiva cuya mínima duración es 10 años, es fácil entender que, dependiendo el monto de la inversión, en muchos casos será la Propiedad Industrial la que determine su viabilidad. 

Fundamento de nuevos modelos de negocio
Lo anterior resulta aún más aplicable para los comerciantes que desean mantenerse competitivos con base en la oferta sostenida de productos innovadores o para las Universidades o centros de investigación que desarrollan proyectos de I+D+i. En efecto, las patentes son el único vehículo jurídico que garantiza que la pérdida de novedad de dichos productos, una vez puestos en el mercado, no afecte su valor y que los resultados de dichos proyectos generen un retorno de la inversión hecha.

Aún más, si se tiene en cuenta que el impacto de los productos innovadores se agota mediante el cubrimiento de las necesidades insatisfechas de todos sus potenciales usuarios o consumidores, y que los problemas técnicos que resuelven los proyectos de I+D+i son los mismos problemas a los que se enfrentan los investigadores en otras partes del mundo, una adecuada protección de los mismos mediante la Propiedad Industrial garantizará, a unos y otros, nuevas fuentes de ingresos.

Nuevos mercados: nuevas fuentes de ingreso
Ahora bien, los derechos de Propiedad Industrial, como las marcas o las patentes, son verdaderos activos que se tienen que consolidar en cada uno de los países o mercados donde se pueda desarrollar el negocio o comercializar los productos y servicios. Por lo tanto, corresponderá en cada caso analizar su viabilidad con el fin de que el valor económico que les otorga la Propiedad Industrial pueda ampliarse en función de su mercado actual o potencial.

Las anteriores razones demuestran la estrecha relación entre Propiedad Industrial y competitividad en los negocios, pues la incorporación de la primera en el quehacer diario de todo aquel que ofrece u ofrecerá productos y servicios en el mercado, local e internacional, directamente o a través de terceros, es hoy más que nunca una estrategia para lograr maximizar el rendimiento de su inversión y para asegurar el éxito de su negocio.    

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