Agregue a sus temas de interés

Agregue a sus temas de interés Cerrar

Fabio Humar J. - fhumar@fabiohumar.com jueves, 5 de diciembre de 2019

Me inventé el vocablo “paralizadurías”. No existe en los diccionarios, pero debería existir. Esa palabra, que es un colombianismo, se definiría así: “Dícese de la Fiscalía, Procuraduría y Contraloría, que con el pretexto de hacer su trabajo, están paralizando al país, especialmente en el desarrollo de infraestructura”.

¿Me pongo a que las entidades hagan su trabajo? ¡Faltaba más!

Las entidades - coloquialmente conocidas como las ías- deben hacer lo suyo. Pero en Colombia muchos de los funcionarios de las ías actúan, no por cumplir con su trabajo, sino para aleccionar a las malas a los ciudadanos. Hay casi que un ánimo vengativo “Pa´que vaya aprendiendo” se les oye pensar.

Me refiero, expresamente, a las investigaciones que se han anunciado por Hidroituango.

Acepto que la obra costó más de lo previsto. Pero también reconozco que se hizo, y en medio de dificultades brutales. Se afrontaron imprevistos, y se entregó la obra.

Considero que uno de los problemas con las ías que las dirigen funcionarios que han sido sobresalientes en sus gestiones, pero que nunca han administrado un peso, ni mucho menos ejecutado una obra.

Quizá nuestra parálisis se debe en buena medida al susto de hacer, al pánico que produce una citación con el logo de unas de las ías; susto que han infundido con gran éxito los funcionarios que quieren ver todo el progreso como un sub producto de la corrupción.

Acá no hay carretera, obra, aeropuerto o puerto bien hecho, que no sea objeto de la famosa frase “cuánto habrán robado para que quede así de bien…”. No, no se robó. Costó más, pero no hay corrupción, amigo funcionario.

Lo de Hidroituango es un ejemplo más de la corta lista de cosas que se han hecho bien en Colombia.

¿Costó más de lo presupuestado? Sí. ¿Y qué?

Si no me creen, dejen la miopía que nos impide ver allende las fronteras: La Sagrada Familia en Barcelona, lleva 133 años de construcción y se calcula que ha sobrepasado el valor inicial en cuatro veces.

El metro de Sevilla, España, costó 42% más. Pero tienen metro. En Bogotá llevemos casi 50 años discutiendo el asunto.

¿Hay gente presa o sancionada en España por eso?

No, porque en España son serios. Ya hubiera querido yo que el túnel de la línea costara mil veces más, pero se hubiera entregado hace 20 o 30 años. La obra más costosa es la que no se hace.

El nuevo aeropuerto de Beijing costó mil millones de euros más de lo estipulado.

¿Hay funcionarios sancionados?

No, cómo se les ocurre si en China adoran el progreso.

En Japón, donde no se roban un lápiz, los costos para los Juegos olímpicos de 2020 se han multiplicado por dos. De 12.000 millones de dólares a un poco más de 25.000 millones. ¿Hay funcionarios con pliego de cargos por estos hechos? No, ni más faltaba.

La biblioteca Vasconcelos, en México, costó 109% más de lo presupuestado, y es una de las 10 mejores obras del siglo XXI. No hay nadie preso por el descuadre.

Las verdaderas dificultades para el desarrollo de nuestra infraestructura no son los mares, ni las agresivas montañas. Lo que nos frena es la indagación de la Fiscalía, el citatorio de la Contraloría, y la invitación a rendir versión libre ante la Procuraduría. Las paralizadurías, otro aporte de Colombia para el mundo.

LA REPÚBLICA +

Registrándose puede personalizar sus contenidos, administrar sus temas de interés, programar sus notificaciones y acceder a la portada en la versión digital.