Fernando Álvarez Rojas Sábado, 14 de julio de 2012

Escribe Protágoras que Prometeo, para corregir la defectuosa repartición de los dones realizada por Epimeteo, entregó a los hombres el fuego y la sabiduría, robados a Hefestos y Atenea.

Los hombres carentes de la virtud política, propia de Zeus, padecen la guerra fratricida que los hace presa fácil de los depredadores a los que no puede oponer la fuerza de la organización.

Zeus conmovido, envía a Hermes para que reparta la justicia y el pudor necesarios para que puedan regir las ciudades en armonía.

Para prevenir el error de Epimeteo, Hermes pregunta: '¿Las distribuyo como fueron distribuidas las demás artes? Con un solo hombre que posea el arte de la medicina, basta para tratar a muchos; lo mismo ocurre con los demás profesionales.

¿Reparto así la justicia y el pudor o bien las distribuyo entre todos?' Zeus responde: 'Que todos participen de ellas; porque si se reparten en unos pocos, como ocurre con las demás artes, jamás habrá ciudades. Es mi ley que todo aquél que sea incapaz de participar del pudor y de la justicia sea eliminado, como una peste, de la ciudad.'

Tiempo después Cicerón escribe: 'No hay un solo hombre, ni el más ínfimo y más miserable, que no deba practicar la justicia.'

El pudor y la justicia constituyen la piedra sillar de lo social, su sal.

Cuando la sal se corrompe se descuaderna la institucionalidad, la sociedad se desvencija, entra en crisis. En la Ética a Nicómaco Aristóteles escribe: 'Una cosa vergonzosa solo un corazón viciado es capaz de hacerla.'. El pudor es la auto restricción por temor a la vergüenza.

El narcotráfico arrebató la vida a la esperanza cuando frustró las alternativas de cambio representadas por quienes murieron abatidos por sus balas. El narcotráfico es un estilo de vida que contagió todo lo social. La vergüenza fue demolida por la consigna 'sin tetas no hay paraíso'. El narcotráfico derrama las moronas que alimentan a las rémoras sociales que nadan detrás de los tiburones que representan poder.

La sociedad perdió su vergüenza; se inclinó ante quien sin pudor pavonea lo que delinquiendo ha obtenido. Los sistemas de control social fueron derogados por la promoción de un modelo de éxito y reconocimiento social descontextualizado de lo correcto y lo incorrecto.

El narcotráfico no es solo el dinero fácil, el mal gusto de la ostentación; es la ausencia de límites que rompe con el orden, que trastoca el sistema de valores, deroga el pudor y arrebata la justicia El narcotráfico es la más devastadora de las bombas a la institucionalidad. Murieron Pablo Escobar, Rodríguez Gacha, sin embargo, su secuela de mal continúa; cambian los alias, perduran las prácticas. El narcotráfico se metamorfosea en corrupción, en esfuerzo paramilitar empoderado de las ramas del poder público, en guerrilla que ampara los cultivos ilícitos o comercializa su producto, en dinero blanqueado. La defensa de la institucionalidad se atuvo al remedio legislativo y se recostó en la rama judicial que, de cuando en vez, imponente frente al embate, ve contagiados a algunos de sus miembros por el virus que combate. Se perdió la enseñanza clásica del pudor y la justicia.

Pablo Escobar no ha muerto, su sombra está detrás de la corrupción, del atropello a la justicia. Es la Hidra que se renueva cada vez que se la decapita, a la que le aparece otra cabeza, más sofisticada, más perversa. Tenemos como Heracles el trabajo de extinguirla con la hoz del pudor y la justicia.