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Expansión - Madrid viernes, 24 de enero de 2014

El presidente del FC Barcelona, Sandro Rosell, dimitió ayer y cedió el testigo a su vicepresidente Josep Maria Bartomeu. El directivo, que alegó motivos personales como amenazas en su domicilio, renuncia después de que la Audiencia Nacional admitió a trámite la querella al ver indicios de “simulación contractual” en el fichaje de Neymar.

Acuciado por la necesidad de abanderar algún proyecto -todos los títulos se han atribuido a Pep Guardiola y la herencia de Joan Laporta-, Rosell logró dar un golpe de efecto a su mandato con el fichaje de Neymar por US$77 millones. Esta es la cifra que ofreció el Barça y que permitía al dirigente ‘vender’ a la opinión pública haber pagado ‘poco’ por un futbolista al que muchos consideran capaz de disputar a Messi y Cristiano Ronaldo la vítola de mejor jugador del mundo.

Sin embargo, esa cifra ha quedado en entredicho. La querella de un socio obligó a Rosell a entregar toda la documentación a la Audiencia Nacional, que ha admitido a trámite la denuncia al considerar “verosímil” una presunta “simulación contractual” que elevaría el coste de Neymar a US$129 millones.

Santos, club de procedencia de Neymar, ya ha advertido que reclamará su parte si se confirma que el Barça pagó esa diferencia a la familia del jugador, reclamo que se extendería a los fondos de inversión que tenían derechos económicos sobre el futbolista.

El problema de Rosell, que confía en que su dimisión aleje al Barça de los tribunales, es que parte de la masa social barcelonista pueda sentirse engañada. Esta sensación de oscurantismo ya se produjo con el acuerdo de patrocinio con Qatar: el emirato paga US$47 millones al año, pero no anuncia una ONG, sino una aerolínea.

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