Sábado, 6 de mayo de 2017

La pregunta siempre es la misma; ¿qué hacer con los árbitros? 

La labor de los organizadores del campeonato es minimizar hasta donde sea posible los errores de los árbitros, hay algunos que son excusables, aquellos producto de la velocidad del juego, ya lo he repetido hasta la saciedad, un cuarentón no podrá nunca correr al mismo ritmo de un atleta de alto rendimiento cuyo único oficio es prepararse físicamente para correr lo más rápido posible; otros de apreciación, un fuera de lugar “dudoso” que luego de cuatro o cinco repeticiones con cámaras especiales es posible aclarar, estos errores son excusables; se podrían solucionar mediante la repetición instantánea pero le quitan ritmo al juego y no me parecen los más adecuados; por otra parte, errores técnicos, por falta de conocimiento, por una mala preparación física del árbitro son imperdonables.

Un error de un árbitro puede representar, en el caso de Bayer de Múnich, una pérdida importante de dinero o en el caso colombiano la pérdida de puntos que a mediano plazo podrían representar una pérdida de la categoría y lógicamente una disminución importantísima de recursos.

Las decisiones de los árbitros en el campo de juego son definitivas; una vez terminado el partido de fútbol no se puede pretender cambiar el marcador, eso es una regla del juego lógica. Salvo en casos de dopaje en el cual se han cambiado resultados de hasta ocho años de vigencia, en el fútbol y en casi todos los deportes una vez finalizado el partido por regla general el resultado permanece. 

Ahora bien, no cambiar el resultado es una cosa, reclamar daños y perjuicios es otra, la primera pregunta sería ¿a quién; directamente al árbitro, o en el caso del fútbol a la entidad organizadora del campeonato?

Personalmente creo que se debe demandar al organizador, haciendo un paralelo con el derecho administrativo se puede predicar culpa in eligendo en el sentido de no elegir bien a los árbitros. También se podría demandar al organizador por no proveer al árbitro de todas las herramientas necesarias (repetición instantánea, apoyo de los demás árbitros, preparación física y teórica) para que sus decisiones fueran, en principio, las más adecuadas. No hacer más segura la decisión del árbitro con la utilización de la tecnología y con la cantidad de dinero en juego es, a mi modo de ver, una negligencia grave que puede ser demandada por la vía ordinaria para resarcir perjuicios del club afectado.

El fútbol mueve millones, en cualquier escenario, Champions League, fútbol profesional colombiano o fútbol de liga, los árbitros son humanos y fallan, ahora bien, la labor de los organizadores es minimizar estos fallos y ofrecerle a los participantes la mayor certeza de un partido sin errores arbitrales. Los organizadores no pueden eludir esta responsabilidad sin el peligro de una demanda cuantiosas por daños y perjuicios.