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martes, 28 de junio de 2022

El deporte, mejor, la práctica del deporte a cualquier nivel implica riesgos. Un partido de tenis, correr por la calle o jugar básquet puede ser mas peligroso que mirar la televisión o leer un libro tranquilamente sentado en un sillón. Muchos estudios se hacen permanentemente sobre la responsabilidad civil en la práctica deportiva, o en el espectáculo deportivo. ¿Qué pasa si, como ocurrió hace algún tiempo en la maratón de Medellín, un carro atropella a un participante por negligencia del organizador?; o ¿quién responde si por una serie de eventos desafortunados un esgrimista muera atravesado por un florete, como le ocurrió al ucraniano Vladimir Smirnov?

Lesiones, accidentes, peleas con los rivales, mala utilización de los equipos todo puede conducir a causar un daño a un participante, a un espectador o a un tercero y en algunas ocasiones alguien tiene que responder por tal daño. No es lo mismo un golpe que rompa la nariz del adversario si lo hace un boxeador en una pelea bien organizada que si lo hace un jugador de balonmano contra un rival en una pelea en el partido. Es importante, al momento de analizar la responsabilidad en actividad deportiva, tener en cuenta los reglamentos y reglas de juego para entender cuáles son los riesgos que asume un deportista y por el contrario, cuáles daños causados en desarrollo de la actividad deportiva deben ser reparados por quien negligencia o dolo lo causan.

Un golpe malintencionado del rival, o peor un mordisco; el mal estado de los escenarios deportivos o fallas en la organización pueden son algunos de los hechos que pueden dar lugar a responsabilidad civil. En el deporte hay muchos eventos trágicos conocidos que han dado lugar a estudios interesantes. Quién responde, como le ocurrió a la tenista Mónica Seles, si un espectador entra al campo de juego y hiere a la deportista, o qué pasa si por mala organización de un partido en una tribuna mueren más de 90 espectadores.

Siguiendo con el tema, la semana pasada en Budapest en el campeonato mundial de natación, la nadadora Anita Álvarez fue rescatada desde el fondo de la piscina por su entrenadora, Andrea Fuentes, que se dio cuenta que esta había sufrido un desmayo y el equipo de socorristas no reaccionó de manera adecuada pues en el reglamento de esta disciplina está previsto que estas personas solo pueden actuar una vez el árbitro de la competencia lo ordene. Las críticas han sido feroces contra los rescatistas que permanecieron inmóviles y lógicamente a la organización por tener semejantes reglamentos. No es lo mismo que el cuerpo médico de un equipo de fútbol no pueda entrar a la cancha cuando un futbolista cae lesionado que lo que ocurrió en Budapest. ¿A qué genio se le ocurre decir que los socorristas no pueden rescatar una deportista que se está ahogando si el árbitro no da la autorización? Los reglamentos de los diferentes deportes tienen que estar adaptados a los riesgos de cada uno y deben analizar la coherencia y sensatez de las normas para ofrecer un deporte seguro para deportistas, organizadores, público y terceros.

En fórmula uno las adaptaciones son permanentes siempre en la búsqueda de una actividad más segura dentro de lo que puede ser manejar un carro a más de 300 kilómetros por hora aún en contra de la estética. Ya vimos como los habitáculos de la formula 1 tienen barras protectoras que afean el carro pero le dan mas seguridad al piloto. Esperamos que esa norma de natación cambie así en algún momento se interrumpa innecesariamente una rutina