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sábado, 2 de noviembre de 2013

Mientras la policía bogotana acompaña al joven Justin a grafitear algunas paredes y a contratar los servicios de más de una bella acompañante, el señor Gustavo aparece en una esquina algo triste y solitario, los zombis y los monstruos lanzan extraños ruidos a su paso mientras los suben en violentos compactadores de basura remolcados por alguna camioneta de un concejal de Chía algo adormecido por la cantidad de trabajo acumulado. 

La casa del terror congestionada aún por las múltiples apariciones de su vecino el pajarito en cualquier delirante idea de su comandante multiplicador de los maduros, da la bienvenida entre sabanas y turbantes con una despampanante mujer que manda fuertes abrazos a quienes se han encargado de la cuota de dolor y sufrimiento de esta incesante función.

Subiendo las escaleras al lado de algún resguardo indígena enardecido por Jorge Enrique, no el que hace llorar con espejos en algún reality donde siempre gana el más “humilde”, sino el que funge como legislador de los derechos de la mayoría de los bufones de esta casa embrujada; se encuentra la flamante estrella de la canción Nohemí reloaded, componiendo nuevamente el himno de Colombia cuyas líricas serán desenfundadas por alguna brillante celebridad ya matriculada el próximo año mundialista para cantarle a Joseph Blatter unas notas de despecho pidiendo perdón a un joven Cristiano. 

A mano derecha, al lado de algún arroyo barranquillero podemos encontrar la mayor parte de zombis haciendo fila “peleando” por la pensión que trabajaron toda su vida y gordos demonios disfrazados de médicos que empujan personas sin piedad a una paila marca Meissen cuyos langostinos, finas carnes y vegetales se mezclan con las lágrimas de las personas que observan este desgarrador espectáculo. Mis acompañantes atónitos e igualmente congestionados, no pueden creer que todas esas pancartas que dicen “salud”, se estén mezclando en el alud de las sonrisas de estos demonios que a su paso le rinden un culto siniestro a una esfinge en forma de puente vehicular de la 106 con 11 llamado “corrupción”.

Esta casa, construida silenciosamente en su totalidad con el mortal asbesto ve como sus columnas se desmoronan con el silencio de unas autoridades que a pesar de sus víctimas documentadas, se ponen las gafas de sol y sus tapabocas para poder coquetear intensamente con otro tipo de problema más importante y que genere una mayor popularidad en las próximas elecciones.

Allá está Gustavo, tiuteando furioso “#inhabilitadonunca #yoamenzoenserio #basurascero #bogotáhumana @alcaldíaomonte”, mientras decenas de bufones abandonan sus filas para reintegrarse a esta fiesta de disfraces cuya hora loca va por cuenta de Mr. 50.000 votos que aunque ya un poco alicorado promete abrir la gala con el espectáculo ¿Cómo perfumar un bollo? By Lord Roberto Mesa.

La fiesta promete, nos comentan que la comitiva policial que acompañó al concejal de Chía al complejo militar ultra seguro, es la encargada de animar con sus bolillos y pañuelos blancos el paso fugaz de Andrew salamanca en su camioneta ya reparada. La pista aunque algo magullada con tantos huecos y alcantarillas sin tapa ya está preparada y con semáforos desactivados, mientras decenas de señores apuestan casualmente todos la misma cantidad de dinero, $7´900.000 de una prima que se encontraron en una lámpara de algún genio. 

Ya con un ambiente algo extravagante para mis invitados consideré que era mejor hacer nuestra retirada antes que nos preguntaran por la popularidad de alguien o nos ofrecieran algún plan de celular o de tarjeta de crédito, sobre todo con mi miedo permanente a que cuando yo les diga que no lo quiero, se atrevan a preguntarme “¿Por qué?”. Pues bien, habiendo pasado todos los círculos de este pequeño infierno dantesco, muy bien montado por cierto, vimos al fondo a un diminuto duende con corrector en mano, tachando e inventándose la próxima noche de terror cuya temática será “reforma a nuestra bella justicia”.

Aterrados, mis invitados salieron despavoridos corriendo de este cuento de horror, el cual, menos mal es producto de mi imaginación y ya finalizó para darle paso a esta época de navidad.