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Fabio Humar J. - fhumar@fabiohumar.com miércoles, 11 de septiembre de 2019

Gran despliegue mediático ha recibido la compra de un jet privado por parte del cantante Maluma. El video lo muestra a él, y lo que parece ser su entorno familiar, muy emocionado en la cabecera de la pista de aterrizaje (¿Medellín?), esperando que la aeronave llegue.

Al momento de aterrizar, el cantante rompe en llanto. También sus familiares.

¿Está mal que muchos que se vanaglorien de sus éxitos, que han sido alcanzados con disciplina y fatiga duros, cuando otros se valen de testaferros porque sus fortunas han sido mal habidas?

Pues bien, en este país donde la tasa de desempleo también se mide por la cantidad de personas que tienen tiempo de sobra para criticar, salieron los feroces analistas de poltrona a pontificar sobre Maluma y su avión. Lo tildaron de lobo. Otros de vacío, y promotor de antivalores. Unos más de ser el ejemplo de lo que no debe ser la juventud, pues no hay que fijarse en los bienes materiales.

Vi todo el video del señor Maluma. Y quiero defenderlo, abierta y decididamente. Nunca he oído una canción de su autoría, y quizá si la oyera no me guste, pero sí hay que resaltar que los valores que “inculca” (y no veo de la razón de exigirle a un cantante que inculque valores) son lo que sí deberían imperar por esta sociedad: luego de ver el video, y leer algunas cosas sobre el señor, me quedó claro que él ha trabajado duro, de sol a sol. Que ha creído en su proyecto de vida, y que lo ha hecho de forma honrada. ¿No les gusta la música que hace este señor? Y eso, ¿qué tiene que ver con su trabajo sea honesto y hubiese rendido frutos?

Él mismo narra cómo le fueron cerradas las puertas cuando iba a las emisoras, y cómo quiso desfallecer, pero míster Maluma no tomó el camino que, creo, hubiera sido el fácil y más común: “afiliarse” a una banda de barrio, y dedicarse al microtráfico, y de ahí ascender en ese mundo hasta lograr ser el patrón de pueblo.

Ya va siendo hora que en Colombia admiremos más a los Maluma que a los traqueticos de pueblo, o los políticos que se apropian de recursos públicos, muchas veces homenajeados en fiestas ofrecidas en exclusivos clubes.

Estoy seguro que una de las razones por las que este país se convirtió en tierra fértil para el narcotráfico, y muchas otras formas de ilegalidad, ha sido el desprecio hacia trabajo; casi que hay una burla soterrada hacia quien se gana su subsistencia a punta de incomodidades y madrugadas.

Por eso la nueva moda el e-trading, que poco esfuerzo requiere. Por eso las universidades están viendo un descenso en las matrículas. Es por eso, y por nada más, que en este país fue mejor negocio no trabajar que hacerlo con tesón.

No tengo avión, y la verdad nunca se me había ocurrido, pero envidio a alguien que, con su trabajo, y a sus cortos 25 años, ha hecho un capital tan significativo.

Es la gente que se enorgullece de su trabajo la que debe ser paradigma de comportamiento, el modelo a seguir. Los Mario Hernández, los Carlos Vives y las Shakiras, los Henry Cárdenas y los José Alajendro Cortés son los ejemplos de reivindicación de que con trabajo sí se puede.

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