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Comercial y de la empresa


Galo Estudio Legal

Sociedades en la era digital

16 de diciembre de 2025

Martín Emilio Ramírez Pérez

Socio Galo Estudio Legal
Galo Estudio Legal

martin.ramirez@galo.legal
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La digitalización empresarial dejó de ser un asunto tecnológico para convertirse en un cambio cultural que está redefiniendo la manera en que se crean, administran y transforman las sociedades. La revolución no ocurre solo dentro de las empresas: atraviesa a los accionistas, los administradores y a todo el ecosistema institucional que rodea al Derecho Societario. De un modelo rígido, presencial y centrado en el papel, estamos pasando (al menos en teoría) a un sistema más ágil, más transparente y más conectado con las necesidades reales del mercado.

La pandemia aceleró esta transición. Lo que por años se vio como imposible, reuniones virtuales, decisiones en línea, trámites completamente digitales, se volvió necesario. Y una vez se abrió esa puerta, ya no hubo marcha atrás: el Derecho Societario tuvo que reconocerse como una disciplina profundamente impactada por la tecnología.

¿Cómo están transformando las tecnologías digitales el derecho corporativo y la gobernanza empresarial en el mundo?

Lo que está ocurriendo en el mundo es revelador. La Unión Europea, viene impulsando la constitución completamente digital de sociedades, con inscripciones en horas, no en días. España permite crear sociedades mediante videoconferencia con el notario. La desmaterialización de acciones es ya una realidad en varias jurisdicciones, y las grandes compañías europeas experimentan con blockchain para registrar títulos, auditar operaciones y automatizar decisiones.

La tendencia es clara: los cimientos del derecho corporativo, libros, actas, firmas, registros, votos, están migrando hacia lo digital. Esto no es sólo eficiencia. Es un nuevo modelo de confianza.

Tecnologías como la firma digital, los libros electrónicos, el voto remoto y los smart contracts están reconfigurando la gobernanza corporativa. La IA y el Big Data permiten decisiones más informadas y oportunas, mientras que el blockchain introduce una capa de transparencia que antes era impensable: un registro inalterable, verificable y descentralizado.

Sin embargo, la pregunta inevitable es:

¿Cómo va Colombia en esta carrera?

Es cierto que hemos avanzado. La constitución virtual de las SAS fue un paso decisivo. Las Cámaras de Comercio han incorporado libros electrónicos y varios trámites ya no requieren filas, papel ni ventanillas físicas. Pero la realidad es que seguimos muy lejos del estándar digital que marca hoy el derecho corporativo mundial.

Seguimos atados a un sistema que exige presencialidad para actos que podrían ser plenamente digitales. Persisten trámites cuya única función parece ser “validar que se sigan haciendo como siempre”. La interacción notaría–Cámara de Comercio aún es más analógica que digital. La interoperabilidad entre entidades públicas sigue siendo una promesa, y el empresariado colombiano, especialmente el pequeño y mediano, enfrenta una burocracia que desincentiva la innovación.

Mientras Europa discute cómo integrar la IA en la toma de decisiones societarias, en Colombia aún debatimos si una junta virtual necesita o no acta física. Mientras otros países digitalizan completamente los títulos accionarios, aquí convivimos con certificados impresos, firmas manuscritas y validaciones presenciales para trámites que podrían verificarse tecnológicamente en segundos.

¿Cuáles son los principales obstáculos que enfrenta Colombia para avanzar hacia un modelo de derecho societario digital?

Los obstáculos son evidentes: Un marco jurídico disperso y lento para actualizarse; una cultura institucional que privilegia el papel y la firma manuscrita; procesos que dependen de la voluntad tecnológica de notarías y entidades públicas y por último temores infundados sobre la pérdida de control en la toma de decisiones digital.

Todo esto nos recuerda que no basta con tener tecnología disponible: se necesita decisión, visión y una reforma integral que entienda el derecho societario digital como una política de competitividad, no como un mero trámite.

El futuro ya está ocurriendo. La economía global exige sociedades más ágiles, más transparentes y más conectadas. La gobernanza corporativa digital no es un experimento ni un lujo: es la nueva regla del juego.

Pero, mientras en el mundo las empresas se mueven en autopistas digitales, en Colombia seguimos avanzando en medio de semáforos burocráticos, desvíos normativos y vías sin pavimentar.

Si no corregimos ese rezago, la distancia será cada vez mayor. La digitalización no es solo un reto tecnológico: es un desafío institucional. Y si queremos un país competitivo, moderno y alineado con la economía del siglo XXI, no podemos seguir administrando sociedades como si estuviéramos en el siglo pasado.

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