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Juanita Acosta jueves, 2 de agosto de 2018

A estas alturas del partido ya no existe duda alguna del altísimo impacto de la tecnología, la información y los datos en el resultado económico y financiero corporativo. Empresas que originalmente concebían su objeto social alejado del tema tecnológico, cada día ven la necesidad palpable de acercar a profesionales en el manejo de datos y de arquitectura tecnológica a los escritorios de la Alta Gerencia; y lo que es más interesante aún, cada día la Gerencia encuentra la necesidad de entender de cerca cómo operan las herramientas tecnológicas y el manejo de datos para llegar al cumplimiento anual de las metas proyectadas.

¿En qué consiste el paradigma tecnológico?

Muchas compañías han aceptado el cambio y han modificado su ADN. Empresas que comercializaban productos y servicios tradicionales en el mercado, se definen ahora, como empresas “tecnológicas” prestadoras de servicios y comercializadoras de productos (transporte, hospedaje, métodos de pago, salud, etc.), en este mundo de cambios el cielo es el límite y veremos lo que depara el futuro.

Y es que, el paradigma tecnológico cambió, exponencialmente desde el momento en que las empresas tecnológicas entendieron como prestar sus servicios desde “la nube”; “nube” que no es un lugar etéreo ubicado en algún sitio entre el suelo y el universo interestelar; sino una configuración de gigantescos servidores localizados en locaciones específicas del mundo desde donde se realiza el procesamiento tecnológico remotamente, ya sin necesidad para las compañías de tener el recurso tecnológico en un oscuro “cuarto frio” en el sótano de la compañía.

Este cambio, resulta sin duda, en un manejo financiero más amigable de los recursos tecnológicos, ha traído nuevas modalidades de acceso a servicios, productos, a un tipo de conocimiento exponencial respaldado por el big data (ahora el huge data) y la inteligencia artificial. Sin embargo, como “nada es gratis en la vida”, este abanico de herramientas tecnológicas trae consigo un número, no despreciable, de retos para quienes interactuamos con ella.

Son tan importantes estos retos, que no en vano, las autoridades y los entes reguladores a nivel mundial se debaten en como mejor formular la legislación y sus sanciones para lograr el adecuado balance entre los beneficios del uso y acceso a la tecnología, frente a los derechos fundamentales de los individuos y de las economías de los diferentes países.

Mientras llega el momento en que la humanidad logre una “masa crítica” en relación con el modo como manejaremos este balance, bien sea por convicción o a través de la imposición reiterada de multas por parte de los organismos estatales, y probablemente en la práctica, más por lo último que por lo primero. Hay preguntas que todo director debe formularse para no tener contingencias ante la ley. Sugiero para empezar, mientras se toma el café que tiene en la mano, con las siguientes:

- Cuánto vale la información que hay en mi empresa y cómo la estoy protegiendo, o mejor pregúntese: cuánto vale no tener la información que tengo actualmente en mi empresa por no protegerla.

- Soy consciente que alguna de esa información realmente no es mía, y que por lo tanto necesito de autorizaciones, licencias, seguridad etc. para utilizarla, o mejor: ¿Que le voy a contestar a las autoridades, con las consecuentes y no despreciables multas y sanciones, al ser interrogado por las pruebas de cumplimiento del uso de datos que reposan en mis sistemas?

- Soy consciente que las tercerizaciones (publicidad, nomina, tecnología, call-center, etc.), traen para mi empresa una obligación efectiva de auditoria, confidencialidad y seguridad de los datos que estoy entregando para procesamiento?

- Puedo sobrevivir al impacto reputacional de una fuga de datos?

Si contestó “no” a alguna de las anteriores, ahora es el momento de empezar el cambio del ADN de su empresa.

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