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Juan David Afanador sábado, 2 de noviembre de 2019

Las mercancías transportadas por vía aérea representan alrededor de 35% del valor del comercio mundial y es el medio de transporte de carga de mayor crecimiento en los últimos años. Este dinamismo corresponde, en gran medida, a las ventas e-commerce globales que el año entrante equivaldrán a 5% del Producto Interno Bruto mundial. En el caso de Estados Unidos, primer socio comercial de Colombia, 26% de sus importaciones ingresaron por vía aérea. Sus cinco principales proveedores por este medio se encuentran a miles de Km de distancia: Irlanda, Suiza, Malasia, Singapur e Israel. En todos estos casos el flete aéreo promedio oscila entre US$3-6Kg mientras el flete aéreo promedio desde Colombia es de US$1,1/Kg. Todos estos países despachan más de 70% de sus ventas a EE.UU. por vía aérea mientras en Colombia apenas representa 14%.

¿Cómo puede Colombia aprovechar esta nueva tendencia del comercio mundial para insertarse mejor en los mercados internacionales?

Dos herramientas de comercio exterior fundamentales para este propósito ya están disponibles en la legislación colombiana: Los Centros de Distribución Logística Internacional (Cdli) y las Zonas Francas.

En el caso de Cdli ubicados en aeropuertos internacionales, una sociedad extranjera podría almacenar mercancía extranjera sin generar tributos aduaneros hasta por un año (prorrogable hasta por otro año) y sin que la venta hacia el exterior se considere de fuente nacional, es decir, no estaría sujeta al impuesto de renta en Colombia. Este beneficio es atractivo para grandes plataformas virtuales de retail que podrían usar Colombia como hub de redistribución regional sin las trabas impositivas o burocráticas que pueden encontrar en otros países del continente.

Además, las mercancías en Cdli pueden ser sometidas a operaciones de empaque, reempaque, limpieza, análisis de laboratorio, etiquetado, colocación de información comercial y mejoramiento o acondicionamiento de la presentación, entre otros. Los tributos “dejados” de percibir se pagan con creces a través de la inversión, las cadenas de valor y la generación de empleo formal que estas operaciones pueden traer al país.

Por otro lado, las Zonas Francas permiten el ingreso de materias primas extranjeras sin nacionalizar con el objetivo de manufacturar producto terminado de alto valor agregado con potencial e-commerce como lo son prendas de vestir, productos de belleza, bisutería, farmacéuticos, dispositivos médicos y tecnología. Bajo cumplimiento de normas de origen las empresas pueden aprovechar la actual red de tratados de libre comercio del país para exportar en condiciones favorables a más de 60 países.

El Aeropuerto Internacional El Dorado ya es el primer aeropuerto de carga de América Latina y estas herramientas pueden catapultarlo a referente internacional indiscutible.

Pero además, una adecuada combinación de estos mecanismos puede ser la clave para que las principales ciudades colombianas conviertan en pocos años sus aeropuertos internacionales en hubs continentales de carga y promotores de empleo, inversión y exportaciones. Este puede ser el caso de la proyección del Alfonso Bonilla Aragón de Cali hacía el Pacífico y del Ernesto Cortissoz de Barraquilla hacía el Caribe.

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